La Estoria de España, conocida en la edición de Menéndez Pidal como Primera Crónica General, es un libro de carácter histórico escrito por iniciativa de Alfonso X el Sabio (que colaboraba activamente en su redacción) y supone la primera historia de España extensa que no era una mera traducción del latín. Su contenido alberga cronológicamente desde los orígenes bíblicos y legendarios de España hasta la inmediata historia de Castilla bajo Fernando III.
La obra es en realidad un planteamiento inicial que no llegó a ser culminado satisfactoriamente en vida del rey Alfonso X. Por ello han llegado hasta nosotros varias redacciones en vida del monarca denominadas comúnmente «versiones alfonsíes», y refundiciones posteriores al siglo XIII llamadas «crónicas alfonsíes». La primera redacción del scriptorium del rey de Castilla fue elaborada entre 1270-1274 y recibe el nombre de Versión primitiva. Bajo la supervisión del propio rey se redactó en Sevilla entre 1282 y 1284 la llamada Versión crítica, algo más sintética. Ya bajo Sancho IV se elabora, a partir de los materiales del equipo de Alfonso X, la denominada Versión sanchina, terminada en 1289. A ellas se sumarían, en el siglo XIV y siguientes, varias refundiciones derivadas del proyecto del rey Sabio que suelen denominarse «crónicas alfonsíes» (aunque son, propiamente dichas, postalfonsíes), entre las que los jalones fundamentales son la Crónica de Castilla (c. 1300), la Traducción gallega (c. 1312)?, la Crónica de 1344 y la Crónica de veinte reyes.
Menéndez Pidal publicó en 1906 una edición de la Estoria de España titulada Primera Crónica General que utilizaba un manuscrito refundido que contenía versiones de varia procedencia, tanto del taller alfonsí como del de Sancho IV, e incluía material de la Crónica particular de San Fernando de mediados del XIV. Su influencia y difusión a lo largo de la mayor parte del siglo XX hizo que se identificara esta edición con la Estoria de España alfonsí hasta que los estudios de su nieto Diego Catalán desvelaran que el manuscrito E en que se basó el erudito coruñés era un códice facticio e identificara las diferentes «versiones alfonsíes» básicas, señalando su cronología y procedencia.
Para su composición se usaron fuentes muy diversas, pero destaca la utilización de De rebus Hispaniae (1243) de Rodrigo Jiménez de Rada el Toledano, que supone la base de la Estoria de España alfonsí. A ella se sumarían el Chronicon mundi (1236), de Lucas de Tuy el Tudense, cuando se requería completar al Toledano. Entre las fuentes secundarias cabe mencionar otras crónicas latinas medievales, la Biblia (fundamentalmente para la Historia Antigua, completada con alguna obra clásica latina), obras eclesiásticas, cantares de gesta e historiografía árabe.
Esta obra del escritorio alfonsí se divide en cuatro grandes partes. La primera incluye una historia de Roma (los reyes medievales europeos se consideraban herederos del Imperio romano); la segunda cuenta la historia de los reyes bárbaros y góticos (sus antecedentes en los reinos hispanos); la tercera es una historia del reino astur-leonés (desde que comenzó la Reconquista), y la cuarta, la del castellano, aunque el castellanocentrismo con que está concebida (y que proviene de su principal fuente, la Historia de rebus Hispanie) considera reyes de Castilla a muchos monarcas que fueron privativos del reino de León. Esta «cuarta parte» ha recibido gran atención de la crítica, pues no fue completada en la Versión primitiva del escritorio alfonsí, y el estudio de sus variantes es fundamentalmente para deslindar las distintas redacciones de la sección correspondiente a la historia de los reyes leoneses y castellanos.
En su primera redacción, la denominada Versión primitiva, se había culminado hasta el reinado de Alfonso VI, y posiblemente hasta el de Alfonso VIII de Castilla; esto es, la redacción fue completada hasta un punto bastante más avanzado de lo que se consideró primeramente, cuando se pensaba que a partir de la historia del reino astur-leonés los materiales solo habían llegado al estado de borrador. Así, de la «cuarta parte», relativa a los reyes que la Estoria de España consideraba de Castilla, estaban casi concluidos los reinados de Fernando I, Sancho II y Alfonso VI; medianamente elaborados los de Urraca I, Alfonso VII y Sancho III; y en el inicio del proceso (solo traducidos de De rebus Hispaniae) Alfonso VIII, Fernando II y Alfonso XI. Si bien se había creído que la redacción de la Estoria de España había sido abandonada hacia 1274 para emprender otro monumental proyecto al que dedicaría Alfonso X nuevas energías, la compilación de una historia de carácter universal titulada General estoria (o Grande e general estoria), que interrumpiría la redacción de la Estoria de España, actualmente se sabe que tanto la Estoria de España como la General Estoria fueron proyectos emprendidos a la vez y desarrollados en paralelo, aunque el primero fue dejado en segundo plano entre 1274 y 1282. La Estoria de España careció de redacción definitiva (en su Versión primitiva) en el periodo que comprendía los últimos reyes de Castilla, la llamada «cuarta parte» (probablemente desde Alfonso VIII en adelante, pues solo se ha trasmitido de estos reinados una mera traducción de De rebus Hispaniae), pero fue culminada en una versión un poco más sintética en dos años al final de su reinado, en la redacción denominada Versión crítica, que llega hasta el reinado de su padre Fernando III el Santo; todo ello indica que en ningún momento Alfonso X se desentendió completamente del proyecto de la Estoria de España.
La Estoria de España, como sucede en las crónicas de su tiempo, se remonta para contar la historia a los más remotos orígenes hallados en la Biblia. En concreto hasta Moisés, para continuar entre mitos y leyendas mezcladas con fuentes griegas con la historia antigua. Sin embargo, conforme avanza el relato, aumenta la prolijidad en los detalles, sobre todo desde las invasiones germánicas hasta Fernando III.
«Nación» y «nacionalidad»
La mayoría de los ponentes de la Constitución interpretaron, durante el debate de esta en el Congreso de los Diputados, que, en su acepción histórica y cultural, el concepto «nacionalidad» recogido en la Constitución es sinónimo de «nación»:
El concepto de nación no se puede acuñar a voluntad; no basta una particularidad lingüística, étnica o administrativa; solo la suma de un gran territorio compacto, de tradición cultural común y con proyección universal; una viabilidad económica; una organización política global, probada por siglos de historia, solo eso constituye una nación. Y no es el momento de volver sobre el hecho indiscutible de que nación y nacionalidad es lo mismo. (Oponiéndose al uso del término en la Constitución por considerarlo equívoco y poder ser confundido con el de nación).
Usease Huevo con la boca cerrá.
¿CONTINUARA?
Con la colaboración de Superduque
Me gustaLe gusta a 11 personas
Me gustaLe gusta a 11 personas
Me gustaLe gusta a 11 personas
Me gustaLe gusta a 11 personas
Me gustaLe gusta a 7 personas
Me gustaLe gusta a 6 personas
Me gustaLe gusta a 7 personas
Reblogueó esto en words garden.
Me gustaLe gusta a 4 personas
Reblogueó esto en .
Me gustaLe gusta a 3 personas
Reblogueó esto en vicky.
Me gustaLe gusta a 3 personas
Reblogueó esto en Rosa.
Me gustaLe gusta a 1 persona