¡Viva España !

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El Gobierno de Sánchez continúa abogando por medidas absurdas, políticas y totalitarias que conducen a los españoles a la miseria y la ruina. Frente a ello, los españoles saldrán a la calle.
Santiago Abascal aseguró este jueves que si Sánchez volvía a decretar un estado de alarma ilegal, los españoles saldríamos a la calle a protestar contra el Ejecutivo, más preocupado por imponer su agenda política que por el bienestar social y económico de los españoles.
«Si el tirano Sánchez vuelve a decretar un ilegal estado de alarma, convocaremos el lunes 12-O, en todas las ciudades y pueblos, una nueva caravana por la libertad, contra la muerte y la ruina que trae Sánchez. Son una mafia y los españoles no van a dejarse encarcelar de nuevo» publicó en su perfil de Twitter, emulando las caravanas de la libertad que llenaron, meses atrás, cada rincón de España. «El pueblo español ya frenó un golpe echándose a la calle. Lo volverá a hacer si es necesario», ha sentenciado.
Este viernes, ante la inamovible predisposición del Gobierno, el líder de VOX, Santiago Abascal, ha anunciado en su perfil de Twitter que los españoles volverán a salir a la calle a protestar contra la arbitrariedad y la incompetente gestión de Sánchez: «¡A la calle! Este gobierno nos está matando con su incompetencia frente al virus y nos está arruinando con sus medidas totalitarias y absurdas. El lunes obliguemos a los mafiosos a dimitir. En coche y con la bandera de la libertad, la de España».
El Gobierno de Sánchez ha condenado a los españoles a la ruina y la miseria, situándonos como uno de los países más azotados por la crisis económica, cercenando la actividad de los hosteleros, limitando la actividad laboral de millones de personas, haciendo descender el PIB a niveles históricos o situando el paro juvenil en lo más alto de la tabla, muy por delante de los países de nuestro entorno.

Literatura en español ante la leyenda negra
De España frente a Europa de Gustavo Bueno

12 octubre 2020


La publicación en 1999 de España frente a Europa de Gustavo Bueno galvanizó, entre otras muchas cuestiones muy actuales, el papel de España –su obra histórica, política, científica, literaria…– ante la leyenda negra. En esa genealogía bibliográfica cabe situar libros posteriores de Ivan Vélez, Roca Barea, Estanislao Jorge Payne, Pedro Insua, &c.

Si examinamos la obra literaria de España en referencia a la leyenda negra, se observa que prácticamente desde el último Siglo de Oro, con la literatura de Quevedo, hasta la aparición de los 6 relatos ejemplares 6 de Elvira Roca Barea, el silencio de autores, intérpretes e hispanistas en general, ha sido extraordinario, con las puntuales excepciones de un Feijoo o de un Cadalso, y poco más, hasta casi los umbrales del siglo XX, donde los efectos de la propaganda luterana y anglosajona comienzan a tomarse en serio solamente por parte de algunas figuras de cierta referencia.

En connivencia con algunas de estas figuras literarias, persisten autores, muy reconocidos, como Valle-Inclán, Pérez de Ayala o Martín Santos –entre otros muchos (alguno incluso Premio Cervantes de las Letras, como Goytisolo)–, que siguieron, irreflexivamente, cultivando, desde dentro de la creación literaria, el caldo y la psicología más acríticamente negrolegendarias. A este tipo de escritor siguió o acompañó otro modelo que, a título de género literario, y con vulgares pretensiones de ganarse el consumo lector de un público fácil, se apuntó al negocio de escribir para negrolegendarios.

Bajo esta inercia, sin duda histórica, llegamos a los 6 relatos ejemplares 6 de Elvira Roca Barea, que rompen con esta tradición, e introducen importantes componentes: la Historia como material intervenido por la literatura con fines de crítica dialéctica frente a corrientes ideológicas adversarias; la teoría de la ficción literaria frente a las teorías de la Historia política, científica, cultural…; la transducción ―o interpretación transformativa― de la Historia a través de la Literatura; el uso de la filosofía y de la parénesis, afines al ensayo, y la literatura epistolar, como recurso literario que, desde la ficción, interviene la interpretación histórica, &c.

A estas y otras cuestiones nos referiremos en la conferencia, para desembocar en un asunto final que consideramos de importancia y gravedad: los efectos adulterantes y nocivos que la propaganda negrolegendaria ha provocado –y provoca– en los estudios literarios actuales, y su paulatina introducción en una concepción de la Teoría de la Literatura fragmentada, ilusa e irreal.

Nos referimos, en particular, a los nacionalismos, desde los que se ha llegado, en ciertos contextos, a inventar filológicamente –en los «laboratorios ideológicos» de las Universidades autonómicas (valga la paradoja)– una lengua que trata de imponerse políticamente. Inventada una lengua, se ha procedido después a inventar una literatura. Y actualmente asistimos a la invención nada menos que de una suerte de «Teoría de la Literatura» propia de cada comunidad autónoma o de cada «nación» presuntamente existente dentro de la nación española.

Este tipo de fenómenos no constituyen una novedad en la invención histórica de influencias que han tratado de verterse sobre la Hispanidad con pretensiones de europeización, modernización, progresismo, etc., pues podríamos enumerar –y es uno de los puntos esenciales de esta conferencia– varios casos anteriores:

1) La intromisión del erasmismo, desde cuya propaganda académica se pretende explicar, entre otras cosas, las obras literarias más relevantes del Siglo de Oro español, como resultado de un europeísmo reprimido por el Hispanismo (algo así como que Cervantes escribió el Quijote a pesar de ser español y en contra de lo que era la España que conoció y vivió…).

2) La exaltación académica y universitaria del luteranismo y de la Reforma religiosa, como si algo así hubiera sido una suerte de Ilustración quinientista que hizo que España perdiera «el tren de la Historia», cuando en realidad fue una liberación de psicologismos, supercherías y psicosis sociales institucionalizadas políticamente.

3) La idealización de la Ilustración dieciochesca europeísta, como segundo intento histórico de europeizar España (el primero fue el protestantismo en el siglo XVI y el segundo la Ilustración anglosajona y francoalemana en el siglo XVIII).

4) La inyección krausista, a través de una sui generis interpretación culturalista del idealismo alemán, en todos los órdenes de la vida española, desde la segunda mitad del siglo XIX, particularmente en los diferentes sistemas educativos, desde el implantado por la ILE hasta el franquismo y la posmoderna LOMCE, como bien ha expuesto en El culto pedagógico Sánchez Tortosa muy recientemente. Pero lo que no se dice es que hay una muy importante literatura española que parodia el krausismo de forma patente, como es el caso, nada menos, de la obra de Leopoldo Alas, tanto en La Regenta como en sus cuentos y narraciones breves.

5) Los intentos por eclipsar la originalidad del realismo español exigiendo, de nuevo desde el mundo académico y universitario, una interpretación zolesca y naturalista de la novela española de la segunda mitad del siglo XIX, de tal modo que si la novela española no es naturalista, entonces es que no es europeísta, ni moderna, ni actual, y sigue anclada en tradiciones hispánicas decimonónicas… En la literatura española, el llamado «naturalismo» está ya presente desde el Cantar de mio Cid… (obra que, por cierto, inaugura en la literatura española –y universal– el castigo legal contra el maltrato a la mujer…).

6) Actualmente es la posmodernidad, con todos sus idearios de género y sexualidad, etnarquías e indigenismos, migraciones y fronteras, y demás mitologías culturalistas, la que se utiliza como disolvente de la Hispanidad, a fin de potenciar lenguas precolombinas, nacionalismos peninsulares, y presuntas teorías literarias de fabricación anglosajona destinada a destruir un concepto de literatura que, construido en la Grecia clásica, ha perdurado hasta la Edad Contemporánea gracias, sobre todo, a la obra literaria de España.

Por todas estas razones es importante poner sobre la mesa, es decir, hacer críticamente pública, esta interpretación, totalmente actual, del papel de la literatura española contra la actividad de los negrolegendarios, en particular de esas élites españolas que «trabajan para el inglés», y que en estos momentos pretenden incluso instalarse en el ejercicio de la Teoría de la Literatura escrita en español.

Censura criminal

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Las libertades de movimiento, asamblea, expresión, opinión, información o prensa se han visto limitadas o afectadas. Muchos están denunciando a sus gobiernos e instituciones por una gestión, por decisiones políticas o por la limitación de derechos y libertades fundamentales.

El virus SARS-CoV-2, causa la Covid-19, enfermedad conocida más frecuentemente como coronavirus. Mucho se ha escrito y debatido sobre el virus, la enfermedad y sus causas. A mí me interesan particularmente las consecuencias sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales, especialmente en el ámbito internacional y más concretamente en la Organización de las Naciones Unidas y en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra.

Pudieran parecer instituciones lejanas, pero no nos debemos dejar engañar. Los informes allí presentados, las decisiones tomadas en Ginebra y los debates en esas salas de principios del siglo XX nos afectan. Nos afectan a todos y mucho más de lo que pensamos. Tienen implicaciones en nuestras actividades diarias, en cómo podemos vivir nuestros valores y principios e incluso en tantas y tantas “exposiciones de motivos” de las leyes nacionales que anteceden esas decenas de leyes en los boletines oficiales. No debe caber ninguna duda de que las organizaciones internacionales tienen una gran influencia en la política regional o nacional.

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Como es lógico, en todas las organizaciones internacionales se ha tratado el tema del coronavirus y se han hecho informes o sesiones especiales debatiendo sobre cómo estaba afectando no sólo a la salud sino también al mercado laboral, al comercio internacional, a la economía y a libertades y derechos fundamentales. Las libertades de movimiento, asamblea, expresión, opinión, información o prensa se han visto limitadas o afectadas. Lamentablemente, en algunos casos cercenadas o directamente pisoteadas desde el gobierno u organismos gubernamentales. Estas limitaciones deben seguir un procedimiento establecido en los tratados y convenios internacionales firmados por cada país así como los pactos internacionales, principalmente el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Para quien quiera leer un informe en inglés sobre la suspensión de ciertos derechos fundamentales en casos de situaciones excepcionales, como sería el caso de la pandemia por la Covid-19, puede leer a Richardson & Devine con los que concuerdo en que “los estados deben mantener los derechos humanos a la vanguardia mientras continúan respondiendo a la crisis de salud global causada por la COVID-19. Es primordial que los estados mantengan el respeto por el sistema legal internacional en su conjunto y las personas protegidas por él”. (Eric Richardson & Colleen Devine, Emergencies End Eventually: How to Better Analyze Human Rights Restrictions Sparked by the COVID-19 Pandemic Under the International Covenant on Civil and Political Rights, 42 MICH. J. INT’L L.).

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Además de analizar la legislación internacional no nos debemos olvidar del debido respeto y seguimiento de la legislación interna, habitualmente mediante la Constitución, que cada país se haya dado.

Es muy positivo que las organizaciones internacionales lleven una línea de denuncia contra actitudes totalitarias en el mundo y que parte de los expertos internacionales esté criticando a ciertos países que no han respetado ni derechos humanos ni libertades fundamentales. No podemos olvidar que la libertad de expresión está reconocida internacionalmente como un derecho fundamental y un componente básico de una sociedad democrática.

Quiero resaltar el informe del Relator Especial sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, David Kaye. Este informe contiene párrafos excelentes que bien podrían utilizarse en universidades, escuelas de periodismo, instituciones políticas o incluso en tribunales y juzgados cuando deban decidir sobre la actuación de algunos gobiernos durante la pandemia y la forma en la que han limitado las libertades fundamentales y los derechos humanos.

David Kaye indica que hay dos caminos para afrontar el futuro. El primero reconoce la necesidad de cooperación y coordinación internacionales, evita la censura y fomenta el acceso a la información al tiempo que sólo utiliza las restricciones cumpliendo los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad.

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El segundo camino, “es el del oportunismo en un momento de distracción y perturbación humana generalizadas, de consolidación del poder autoritario y uso desproporcionado de las facultades ejecutivas, y de políticas económicas que pueden aumentar la desigualdad y la pobreza, así como las violaciones de los derechos humanos”. En este camino “la pandemia es también una crisis de la libertad de expresión: provocada por causas naturales, sin duda, pero favorecida por unas políticas informativas que han debilitado las infraestructuras de alerta y notificación. Las personas y sus comunidades no pueden, sin embargo, protegerse de las enfermedades cuando se les niega información, cuando han perdido la confianza en las fuentes de información y cuando la propaganda y la desinformación dominan las declaraciones de las autoridades públicas”.

Es obvio que, ante malas políticas, pésima gestión y limitaciones de derechos humanos y libertades fundamentales caben dos alternativas: el borreguismo y seguimiento ciego de los gobernantes, las instituciones y los medios afines al gobierno o la reflexión, la inconformidad y la necesaria defensa de los derechos propios y ajenos.

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De la misma manera, si la información es variable -y su variabilidad depende de factores exógenos a la salud y con un contenido político- los ciudadanos pierden confianza en las autoridades. Hemos visto que no pocos han aumentado su desconfianza en organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud al considerar que podría haber informado mejor y de forma más transparente y gestionado mejor la pandemia.

Como conclusión, si quienes deben gobernar cercenan libertades y derechos fundamentales para evitar críticas hacia su gestión o para aumentar su poder la consecuencia inmediata es la pérdida de la confianza, el tener la sensación de estar siendo manipulados y el buscar la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Muchos están denunciando ante organismos internacionales o judiciales a sus gobiernos e instituciones por una gestión, por decisiones políticas o por la limitación de derechos y libertades fundamentales. Otros están expresando su frustración y proponiendo alternativas en redes sociales, medios de comunicación o incluso en los parlamentos. La clave es que se pondere y juzgue si quienes han restringido las libertades y derechos lo han hecho con el único y loable objetivo de evitar contagios y muertes por la Covid-19 siguiendo los principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad y temporalidad. Lo contrario es denunciable y se debe juzgar por los juzgados y tribunales. La última instancia y la que penalizará a muchos gobiernos será la de las urnas.

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Falta el perro de la coleta

Pero que guapos vais a estar las dos con el mono de butanero

en Guantánamo

Consejo de ministros

El último consejo de ministros de Españistán

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En otras palabras, en el escenario zombie, el problema no es la inmensidad de lo que tienen que hacer los pocos supervivientes, que es el problema al que se enfrentan y fetichizan tantas visiones de un mundo despoblado y en ruinas. Tampoco que hacer para evitar su evolución hacia un fallo sistémico mientras que se rescatan y reparan las herramientas de ‘antes’. El problema, con los zombies, es que hay demasiados supervivientes.

Pero es siempre el tipo de superviviente equivocado.”

Evan Calder Williams